LAS MUJERES EN EL ANTIGUO EGIPTO ERAN ALGO MÁS QUE SOLO MOMIAS

 

fig.1  Fotografía de Caterina Turroni/BBC/Lion TV/Caterina Turroni

(El presente artículo es otra confirmación histórica de lo que proclama la tradición oral indígena egipcia, el marcado carácter matriarcal de la sociedad khemita)

Autora: Joann Fletcher. The Guardian, jueves 28 de marzo de 2013
Traducción: María Concepción Ruiz Sánchez.

“Como aparece en mi serie documental, por un breve lapso de tiempo del periodo clásico se eliminó la jerarquía femenina, siendo las reinas identificadas como “faraones””.

Inconmensurablemente adelantadas a su tiempo, las mujeres en el Antiguo Egipto gozaban de una igualdad con la que hoy solo podemos soñar.

Es poco conocido el hecho de que el Egipto de la antigüedad estaba habitado casi en su totalidad por hombres. O al menos esa es la impresión que tenemos cuando leemos la mayoría de las publicaciones sobre el Antiguo Egipto en la que las mujeres parecen constituir un sub-grupo minoritario. La mayoría de los trabajos tratan exclusivamente de élites masculinas de reyes, sacerdotes y escribas.

Tomemos por ejemplo el caso del matrimonio de alrededor del siglo XIV cuyas tumbas intactas descubiertas en Luxor por italianos en 1906, con las momias en su interior y cientos de pertenecías, están exhibidas en el maravilloso Museo Egizio en Turín. El ensayo histórico “La tomba intatta dell'architetto Kha nella necropoli di Tebe, (The Intact Tomb of the Architect Kha in the Necropolis of Thebes) da la impresión de que el único enterrado es el esposo, Kha. Las referencias a su esposa Meryt son prácticamente nulas.

¿Pero cuál es la razón? Porque la manera invisible en la que Meryt es tratada es sintomática de la infravaloración actual del verdadero estatus de la mujer en la sociedad egipcia antigua.

Evidentemente estamos considerando un lapso de tiempo muy grande, pero incluso en el quinto milenio antes de Cristo las tumbas femeninas eran generalmente más grande que la de los hombres y solían contener más objetos y de una mayor variedad. Hacia el año 3.000 a.C las primeras reinas egipcias fueron enterradas en tumbas a menos tan grandes como la de los gobernantes varones, los faraones, reflejando presumiblemente el hecho de que algunas mujeres no solo controlaban el tesoro real sino que gobernaban como regentes en periodos de minoría de edad del heredero. En el caso de Mereneith, su nombre aparece en la lista real y en un principio fue confundido por los arqueólogos como nombre masculino.

Así, algunos faraones eran mujeres. La reina Hatshepsut no pudo ser ocultada “bajo las carpetas de los académicos” debido a la gran cantidad de evidencias que produjo su reinado de 20 años. Sus representaciones como faraón con la tradicional barba falsa fueron ridiculizadas y muchos de los relatos actuales sobre el reinado de Hatshepsut rozan el absurdo: esa mujer retorcida vestida de hombre que se apoderó del trono cuyo derecho correspondía al heredero masculino.

Obviamente Hatshepsut es solo una extraña anomalía si olvidamos a sus predecesoras femeninas Merneith, Khentkawes, Neithikret y Sobekneferu, su sucesora Nefertiti y Tawosret, y las mujeres de la última dinastía ptolemaica, la gran Cleopatra entre ellas y que disfrutaron de un estatus igualitario al de los hombres a los ojos de su pueblo eliminando las jerarquías de género por un breve periodo en la antigüedad clásica, según Sarah Pomeroy, profesora de Historia Clásica en la Universidad de Nueva York.

Ciertamente los egipcios de la antigüedad tenían costumbres muy diferentes al resto del mundo de esa época. El historiador griego Herodoto declaró: “las maneras y costumbres egipcias parecían contrarias a las prácticas ordinarias de los hombres”, aunque los egipcios preferían el término “raza humana” escrito en jeroglífico con las figuras determinativas masculina y femenina.

“No estoy diciendo que las mujeres egipcias hacían sencillamente lo que les placía, siendo la mayoría de ellas esposas y madres y el título más común era el de “Señora de la Casa”, en el sentido de “ama de casa”.
Pero también trabajaban en la esfera pública junto a los hombres en todos los niveles de la sociedad, en la agricultura, en el comercio, en los juzgados e incluso como capitán de barco”, apunta Pomeroy.

En términos de empleos de elevados ingresos, el más común era como oficiales del templo, mientras que otras trabajaban como supervisoras. Se sabe que algunas ostentaron el cargo de gobernador, juez y magistrado y se conoce la existencia de tres mujeres que lograron el puesto de primer ministro.

Como ciudadanas independientes iguales al hombre ante la ley, las mujeres del Antiguo Egipto podían ser propietarias, comprar y vender, hacer testamentos y elegir al heredero o heredera. Claramente disfrutaban de un alto grado de independencia financiera y las fuentes indican que recibían el mismo salario que sus colegas masculinos por efectuar el mismo trabajo, algo que en el mundo actual aún no se ha legislado.

Y finalmente, las mujeres del Antiguo Egipto eran independientes y podían ejercitar su propio poder lo que era claramente inusual en el mundo antiguo y en muchos sitios de nuestro mundo moderno. Se podría decir que tenemos mucho que aprender de ellos todavía.